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El motero


Soy una apasionada de las motos. Me encanta todo lo relacionado con ese mundo. Aunque como es normal, lo que más me apasiona son los moteros. Pero los moteros rudos. Me explico: no me gustan esos moteros de las motos deportivas que van con ropa de marca y bien arregladitos. Me ponen muchísimo los moteros de antaño, con sus tatuajes, su barba y su ropa desgastada. Cuando veo a uno es que me vuelvo loca y mi mente se dispara.

Vivo en barrio residencial de la periferia. No tengo pareja estable aunque pretendientes para ocupar mi cama cada noche no me faltan. La verdad es que físicamente estoy muy bien. Me cuido bastante. No pasa un día sin que un tío se quede mirándome las tetas o se quede embobado viendo como mi culo se menea al andar.

Pues como iba diciéndoos vivo en un barrio tranquilo residencial. Y hace poco ha llegado un vecino nuevo que me vuelve loca. Es uno de esos moteros de los que he hablado. Tiene una Harley preciosa. Y el está buenísimo. Además físicamente cumple con creces mis expectativas.

Tiene los brazos tatuados, tiene pinte de chico duro y siempre va con sus vaqueros prietos y desgastados. Y cuando lo veo montado en la moto es que me pongo muy caliente. Noto como un calor inunda todo mi coño y como chorreo deseando que esa fiera me haga suya.

Llevaba días pensando soñando con él, imaginándome ese cuerpazo. Así que decidí  que la próxima vez que le oyera llegar con su moto saldría para hablar con él e intentar ligármelo. Y eso hice, en cuanto oí el rugido inconfundible de su moto salí en su búsqueda.

Aparte de estar buenísimo es un chico muy majo. Estuvimos hablando un buen rato de su moto, de lo que me gustaban a mí las motos y él no tardó en invitarme a dar una vuelta. Accedí encantada, por supuesto. La vuelta fue una pasada. Nunca había montado en una Harley pero es una experiencia increíble. Su rugido es una música adorable.

Cuando llegamos a casa le invité a tomar algo para darle las gracias por el paseo. Aunque estaba deseando darle las gracias, sí, pero con una cerveza. Sino con una mamada de ensueño. Estaba deseando meterme ese rabo en la boca y que me hiciera suya.
Nos sentamos en el sofá a tomarnos unas cervezas aunque duramos muy poco conversando. Ya os podéis imaginar que yo estaba cachondísima sólo de imaginarme ese cuerpo desnudo follándome y haciéndome gozar de placer mientras me agarraba con esos fuertes y tatuados brazos. Y no pude resistirme mucho tiempo a mis fantasías.

Me lancé encima de él y empecé a besarle con pasión. Besaba muy bien. Su lengua jugaba con la mía mientras sus manos se colaban por debajo de mi falda. Mis manos desabrochaban torpemente su pantalón. Estaba deseando ver ese pollón en acción. Se levantó para poder bajarse el pantalón y yo me arrodillé delante de él para ver en primer plano esa pedazo de polla. Era enorme. Y muy apetecible.
El motero 2