Cada día es más difícil encontrar trabajo. Y eso que tengo mi carrera universitaria, ¿eh? Pero hace dos años que acabé y todavía no había podido encontrar trabajo de lo que estudié. Había echado ya no sé cuantos currículum, había hecho no sé cuantas entrevistas…pero nada, no encontraba nada.
Pero el otro día en una entrevista de trabajo se me cruzaron los cables e hice algo que cambió mi situación laboral.
La entrevista era para una gran multinacional de esas en las que tienes bastantes promociones para poder ir ascendiendo. En definitiva, que era un puesto muy interesante. Allí estaba yo muy mona, con mis mejores galas intentando deslumbrar al entrevistador y ganarme el puesto. Por cierto, que el que me entrevistaba estaba muy muy bueno. Tenía algo más de 30 y se le veía muy potente sexualmente. Poco después descubriría que mi intención era acertada.
En fin, en lo que estaba. Que allí estaba yo delante del entrevistador. Mientras él me hacía preguntas sobre mi pasado laboral y sobre mi experiencia, yo no dejaba de pensar en su potencia sexual. Sé que no era la mejor situación, pero después de tantas entrevistas cómo había hecho ya, estás un poco de vuelta de todo.
E imaginándome eso fue cuando se me cruzaron los cables y le dije: “¡¡Tengo ganas de que me folles!!” Su cara de sorpresa fue increíble. Estoy segura que nunca le habían dicho eso en una entrevista. Pero no me corté ahí y continué con mi locura. Me levanté de la silla, me dirigí hacía él y me senté en sus rodillas poniéndole mis grandes tetas en la cara.
¿Qué pensáis que hizo? Comérmelas cómo si del mejor manjar del mundo se tratara. Llevaba una blusa con un súper escotazo, pero me lo bajé aún más para dejar al descubierto mis pezones. Él chupaba como una bestia y mis gemidos eran poco a poco más elevados.
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