“Estás muy nervioso. No sé si es porque eres tímido o porque estás deseando follarme”…y puso su mano sobre mi polla. Ya os he dicho que estaba empalmado como una roca. Sonrió…“Ya veo, estás deseando follarme. Yo también tengo ganas de sentir ese pollón duro dentro de mí” Y se arrodilló delante de mí, me sacó la polla del pantalón y comenzó a comérmela.
Yo no me lo podía creer. Ese bombón me estaba chupando la polla como una posesa. Tenía un lengua maravillosa, que recorría toda la base de mi miembro, desde mis huevos hasta el capullo mientras sus manos masajeaban mis huevos. Alternaba este movimiento con un continuo vaivén de su boca metiéndose y sacándose mi polla muy rápidamente.
Estaba demasiado excitado y no quería irme demasiado pronto, así que me levanté, comencé a desnudarla mientras ellas seguía agarrada a mi miembro y me masturbaba. La tumbé en una hamaca para pasar a comerle el coño. Coño que por cierto era precioso. Lo tenía totalmente rasuradito y estaba muy empapado. Mis dedos pudieron penetrar fácilmente su vagina mientras mi lengua jugaba con su clítoris.
Ella gemía sin parar. Me apretaba la cabeza contra su miembro como queriendo una mayor presión y eso me excitaba aún más. Estaba excitadísimo, deseando metérsela hasta el fondo así que comencé a follármela. Tenía un culo impresionante así que quería penetrarla a cuatro patas, azotándole el culo mientras la penetraba. Quería oírla gritar de placer.
Y eso hacía ella. Una y otra vez me gritaba que no parase, que le diera más y más fuerte y que estaba deseando sentir mi leche calentita recorriendo todo su ser. Mis embestidas eran cada vez más profundas, mis pelvis chocaba violentamente con su culo, pero eso parecía encantarle, porque con cada embestida ella emitía un gemido de placer que estoy seguro que se podía oír desde la calle.
Seguí dándole caña, cuando ella se paró y me tumbó en la hamaca sobre la que me la estaba follando. Me dijo algo así como que ahora iba a saber lo que era bueno. Y se puso encima mío, de espaldas a mi para follarme ella a mí. Se introdujo mi miembro y empezó a moverse poco a poco. Parecía que se estaba acomodando a la postura a mi polla.
Sí, se estaba acomodando porque poco a poco fue aumentando el ritmo hasta llegar a unas embestidas brutales que hacía que mi polla estuviera a punto de reventar. Sentía que estaba dura e hinchada, a punto de reventarle dentro. Pero ella parecía estar fuera de sí. Sus movimientos eran cada vez más frenéticos y su cadera se movía sin compasión.
Mi corrida fue bestial. La reventé entera. Mi leche recorría toda su vagina. La sentía descender por mi polla hasta que vi los primeros chorros saliendo de su coño y cayendo sobre mí. Ella seguí en la misma posición, aún meneando la cadera pero más suavemente, con los ojos cerrados cómo disfrutando del momento.