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Relatos de Infidelidad ->Relato de Infidelidad Alba


Soy un chico de 22 años. Desde hace un tiempo comparto piso con un chico, Juan. Por motivos de trabajo he tenido que cambiarme de ciudad y no podía permitirme pagar yo sólo el alquiler del piso. La verdad es que no está mal esto de la convivencia. Nos reímos mucho.

Pero lo mejor de la convivencia es la novia de Juan, Alba. Es una chica preciosa y cada vez que viene a estar con su novio a mi me alegra el día. Es preciosa y tiene un cuerpo espectacular. Muchas mañanas mientras estoy desayunando ella se levanta con el pijama para ir al baño. El pijama es muy ajustadito y le marca perfectamente el cuerpazo que tiene. Yo me pongo muy duro al verla y luego voy todo el día cachondo.

La chica se lleva muy bien conmigo. Nos reímos mucho juntos, siempre está bromeando conmigo y es bastante cariñosa. Reconozco que a veces he llegado a plantearme si siente algo más conmigo pero no pensaba que fuera capaz de hacerle algo así a su novio. Hasta que el otro día ocurrió una cosa que lo cambió todo.

La otra tarde yo venía de hacer deporte y me metí directamente en la ducha. Cuando estaba desvistiéndome, sentí que se abría la puerta del baño. Era ella. Me pidió disculpas, dijo que no sabía que estaba ocupado el baño y cerró la puerta. Yo no estaba desnudo del todo, pero sí estaba sólo con los boxers. Debo decir que mi cuerpo no está mal. Soy una persona muy deportista y eso hace que el cuerpo esté musculado.

La noche transcurrió normal, cenamos animadamente y después de ver la tele me fui a dormir. Me dormí enseguida pues estaba cansado de la jornada. Pero durante la noche me desperté de una forma muy especial. Me estaban comiendo la polla.

Sí, era ella: Alba. Había entrado en mi habitación y allí estaba con mi polla en la boca. Estaba totalmente desbocada. Se le veía pasional, chupándomela con ganas. Yo me dejaba hacer. No entendía muy bien que es lo que estaba pasando, quizás era un sueño. Pero uno de los mejores “sueños” que había tenido en mi vida así que me dejé hacer.

Allí estaba ella, con su camisón y su pelo suelto. Parece que pronto decidió que mi polla ya estaba preparada, dejó de chupármela y se subió el camisón para dejar al descubierto un precioso coñito rasurado. Dios, que imagen más preciosa.

Ella quería meterse mi polla directamente, pero yo quería disfrutar de ese coñito así la obligué a permanecer acuclillada, metí mi cabeza entre sus piernas y me puse a comerle su rajita. ¡Qué placentero es comer un coño totalmente depilado! Era una maravilla oír sus jadeos y sentir cómo movía su cadera en mi boca.

Estaba deseando que me follara. Sí, quería que me follara ella. Quería sentir esos movimientos en mi polla así me subí un poco, para que mi polla quedara a la altura de su coño y entonces sí le dejé que ella se metiera todo mi miembro. Estamos hablando de una polla no muy grande, 20 centímetros, pero sí gorda.

Me puso el condón con la boca y se la metió. Sus gemidos de placer y su cara de deseo me hacían ver que le gustaba mi polla. Y pronto perdió el control. Empezó a follarme de una forma descontrolada. Todo era pasional, se movía encima de mí con movimientos fuertes. Rítmicos pero fuertes. Sus embestidas eran cada vez más fuertes. Y yo me estaba muriendo de placer. ¡Dios, que bien me estaba follando!

Ya casi estaba a punto de correrme. Sus embestidas eran rápidas y brutales. Pero sentir cómo se corría ella, sentir cómo su coño se contrajo y oírla gemir hizo que ya no pudiera aguantar más y me corrí. Ella me abrazó muy fuerte y me susurro al oído que deseaba follarme muchas otras noches. Yo extasiado tras la corrida le dije que la puerta de mi habitación siempre estaría abierta para ella.

Y así es. Más de una noche me despierta de esa forma tan peculiar que tiene y pasamos un rato increíble mientras su novio duerme placidamente. Definitivamente, no está nada mal esto de la convivencia.
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