No quise hacerle sufrir más y le metí mis dos dedos hasta el fondo. Con lo excitada que estaba entraron perfectamente. Entonces empecé a follarla con rapidez. Mis dedos entraban y salían con brusquedad, pero cada golpe de mi mano con su clítoris parecía volverle un poco loca que antes. Otra corrida…y otra más…¡¡Estaba disfrutando de lo lindo!!
Luego hicimos un 69, parece que ella ya iba tanteando el terreno para lo que vendría. Ella se colocó encima mío pero pronto se movió, se levantó y empezó a comerme el coño ella sólo a mí. Su lengua era una delicia. La movía con muchísima rapidez y siempre me hacía ver las estrellas.
Y pronto sacó el objeto de mi deseo. Nada más verlo casi me corro de gusto. Se lo puso y después de reírnos un buen rato de lo que ella parecía con el trasto ese, yo empecé a sentirme deseosa de probarlo. Tenía muchas ganas de que mi novia me follara con él y que viera la cara de placer que me causaba en mí.
Había que lubricarlo y empecé a comerme ese enorme pollón como si fuera una polla de verdad. Mi novia estaba disfrutando de lo perra que estaba yo. La verdad es que había perdido el control de mis actos.
Cuando ya estaba suficientemente lubricado, la tiré sobre la cama y me acuclillé dispuesta a meterme esa enorme polla por mi raja. Era enorme y estaba segura que me llegaría hasta el fondo de mí. La introduje suavemente, poco a poco fue metiéndomela más y más hasta que, efectivamente, la polla llegó hasta el fondo de mí. ¡¡Dios, que gusto!!
Empecé a cabalgar rápidamente, sin parar, cada vez más y más fuerte. Vane me miraba y disfrutaba de mi rostro lleno de placer. Me corrí no sé cuántas veces. Perdí la cuenta. Ese enorme pollón era insaciable. Y no creo que me canse nunca de usarlo. ¡¡Nunca podré agradecer lo mucho que Vanessa ha hecho por mí!!