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Experiencia lésbica


Soy lesbiana desde no hace mucho tiempo. Tengo 25 años y llevo desde los 15 saliendo con chicos. De hecho, llevaba casi 3 años con mi último novio, hasta que descubrí a Vanessa y mi vida y mi mundo cambiaron por completo.

Hace algo menos de un año que ella apareció en mi vida y la revolvió por completo. Todo lo que había pensado hasta ese momento, todo en lo que había creído se fue al traste. Nunca me había planteado nada con una chica, nunca había sentido atracción física. Aunque reconozco que morbo sí que había sentido en alguna ocasión. Después de este tiempo con ella tengo que reconocer que el sexo con ella es algo maravilloso.

Sabe exactamente dónde y cómo tocar. Y lo que es más importante: cuándo. Siempre sabe excitarme en el momento adecuado en el lugar adecuado y con ella he tenido orgasmos cómo nunca llegué ni a imaginar. Grito, gimo, tiemblo,… Con ella he descubierto incluso que puedo llegar a ser multiorgásmica. Y tengo que deciros que es algo increíble. La mejor experiencia que he vivido en mí vida.

Pero aún me queda algo de mi pasado heterosexual. Sí, hecho de menos sensaciones y momentos que con una chica no puedes llegar a tener. A mí había una cosa que me encantaba hacer con los chicos con lo que estuve. Disfrutaba como una loca cabalgándolos y follándolos a mi ritmo. Era yo quien tenía el control. Y eso era algo que con Vanessa no podía hacer.

Sé lo había comentado alguna vez y ella estaba un poco apenada porque pensaba que con ella había cambiado todo mi mundo y que no añoraba nada del pasado.

Pero, como ya os he dicho, Vane es maravillosa y se preocupa muchísimo por mí (además, que le encanta el sexo igual que a mí) y encontró la solución a mi añoranza. Se compró un cinturón de estos que llevan un pollón de látex incorporado.  Este fin de semana lo probamos y fue increíble. Os cuento la experiencia.

Estábamos en su casa viendo un DVD cuando me dio la sorpresa. Yo no sabía ni que lo había comprado. Pero cuando me lo dijo me embargó una sensación de alegría y de deseo. Empecé a imaginarme ese pollón penetrándome y llegándome hasta el fondo y a Vane follándome… ¡estaba poniéndome súper cachonda!

Y cómo le estaba tan agradecida por lo maravilloso de su gesto quería satisfacerle a ella y dejarle totalmente exhausta de placer. La llevé a su habitación, la senté en la cama y empecé a bailar para ella. Es algo que le encantaba. Se ponía muy cachonda viendo mis movimientos sensuales.

Cuando noté que estaba deseando poseerme me arrodillé delante de ella y me dirigí directamente a esa rajita tan apetecible que tenía. Estaba totalmente rasurada y era una delicia recorrer sus labios mayores con mi lengua. Empecé muy suavemente pero conforme iba oyendo sus gemidos de placer fui aumentando el ritmo.
Mi lengua se movía rápidamente por su clítoris, por sus labios, por su culo…ella estaba como loca. Su primera corrida de la noche no se hizo esperar. Todo el flujo estalló en mi boca y me la llenó de un delicioso manjar. Estaba disfrutando tanto cómo ella de mi trabajito. Me encanta darle placer.

Era el momento de darle aún más caña así que empecé a jugar con mis dedos con su rajita. Los introducía poco a poco. No porque no estuviera lubricada, que lo estaba y mucho, sino porque quería hacerle sufrir y que deseara que la penetrara hasta el fondo. Ella con su cadera pedía más, intentaba moverse para meterse mis dedos enteros pero yo quería que siguiera sufriendo.
Experiencia lésbica 2