Conéctate
Nombre de usuario :
Contraseña:
Recuérdame
Regístrate
Olvidé mi contraseña

Revisando la nota


Estoy en mi cuarto año de medicina. Medicina es una carrera muy muy complicada. Necesita muchísimas horas de estudio. Y, aún así, hay veces que no puedes llegar al aprobado. En esos casos la impotencia y la desesperación pueden llevarte a hacer cosas impensables. Eso me pasó a mí con el último examen del cuatrimestre.

Era una asignatura de las más difíciles de la carrera. Llevaba preparando ese examen desde casi el principio del cuatrimestre. Pero por desgracia para mí el examen no me salió demasiado bien. Me quedé muy chafada. Tantas horas de estudio para nada. Miré mi nota días después y había sacado un 4’75. Joder, porque poco no había llegado siquiera al aprobado.

Quería revisar mi examen, ver si podía sacar alguna decimilla perdida que me permitiera aprobar. El profesor que lleva esa asignatura es una persona joven, no tendrá más de 40 años y la verdad es que se le ve una persona que se cuida. Esta muy delgado y, por lo que he intuido alguna vez, bastante musculado. En definitiva, es un profesor de esos que da morbo.

Llegué a la revisión y estaba sola con él en el despacho. Empecé a mirarlo mientras el profesor me preguntaba que qué me había pasado en el examen. Él me veía muy preparada en su asignatura y no entendía porque había sacado una nota tan bajita. Yo miraba y remiraba el examen sin poder rascar ninguna décima mientras el profesor se había apoyado a mi lado en la mesa, revisando el también el examen y haciéndome aclaraciones.

No había forma de llegar al cinco. Pero yo tenía que aprobar ese examen. Y  se me ocurrió flirtear con el profesor. No lo había hecho nunca, la verdad, pero estaba desesperada. Así que situé mi mano en su pierna mientras le explicaba lo mucho que había estudiado. Él se quedó un poco sorprendido, pero no apartó la pierna. Gesto que interpreté yo cómo que no le importaría que subiera mi mano hasta su miembro.

Y no le importó, no. Además, yo creo que la estaba esperando porque cuando le toque el paquete con mi mano su miembro estaba durísimo. Esto hizo que me envalentonara aún más, así que ya sin dudarlo empecé a rozarle la polla por encima del pantalón mientras mi boca besaba su cuello. Sus gemidos iban en aumento.

Yo estaba muy perra y ya no podía parar. Me arrodillé delante de él, le baje la bragueta del pantalón para sacar su miembro erecto y comencé a comérsela como una posesa. Tenía una gran polla mi profesor, gorda y dura como una piedra. Su polla entraba y salía de mi boca con muchísima rapidez mientras mi lengua lamía toda la base de su polla.
Estaba excitadísima. Y él también, pues gemía sin parar. Y sin ningún miramiento por si nos oía alguien.
Revisando la nota 2